Posteado por: nataliaalbertorio8 | octubre 29, 2011

Resumen En memoria de Paulina

El cuento En memoria de Pauilina es escrito por  Adolfo Bioy Casares. Trata de un hombre, Don Adolfo,  ya cansado y levemente preocupado por Paulina se dio cuenta que siempre la había querido. Coincidían en muchas cosas y casi todas eran en común. No pasó mucho tiempo para que Don Adolfo entendiera que su felicidad había empezado, ya que esas preferencias lo identificaban con Paulina. La vida fue una dulce costumbre que los llevó a esperar su futuro matrimonio. Los padres de Paulina prometieron dar el consentimiento cuando Don Adolfo doctorara. Imaginaban un ordenado porvenir para trabajar, viajar y quererse. Hablando de su casamiento los inducia a tratarse como novios pero a todo esto Adolfo no se atrevía a decirle te quiero. A Paulina le encantaba que Don Adolfo recibiera invitados, escritores y noveles, ya que departía de sus ideas pero a este no le gustaban mucho la idea.

En la víspera, conoció a Julio Montero; lo había visitado por primera vez, este fue una excepción. Esa noche Paulina hablaba con Montero. Don Adolfo, por un momento, experimentó que los celos lo invadían pero al cabo de un rato, sintió que en la ternura de Paulina había un refugio inviolable, en donde estaban solos. Luis Alberto Morgan, el pianista que ponía música a la velada, noto la ansiedad de Don Adolfo, ya que Paulina estaba mostrándole la casa a Montero. En la noche Paulina dijo que se marchaba a su casa, Montero ofreció acompañarla y Don Adolfo también quiso acompañarla para no dejarla sola con aquel hombre. El hombre mayor pensó en la relación incipiente de los dos jóvenes. Durante una semana, Adolfo casi no vio a Paulina y solo hablaban por teléfono diariamente. Una tarde Paulina le prometió ir a verlo; le fue a confesar lo que el sabio viejo percibió: estaba enamorada de Montero. Adolfo eludió tercamente el recuerdo de la mujer. Se fue a Europa; pasó más de dos meses viajando por el Viejo Continente para tratar de olvidarla. Volvió a pensar en Paulina. Quería encontrarse y hablar con ella, pero quería eludir cualquier encuentro con Montero. Decidió que no pensaría sobre la conducta de Paulina y fue a buscar a Luis Alberto Morgan para pedirle que le contara lo que supiera de la vida de la misma durante su ausencia. Este le pregunto por Montero respondiéndole Morgan que estaba preso ya que Montero supo que Paulina lo fue a visitar, se escondió detrás del jardín de la casa y viéndola salir le reclamó su atención en la calle, la subió a un automóvil de alquiler. Deambularon toda la noche por la Costanera y por los lagos y, a la madrugada, en un hotel la asesinó de un balazo. Don Adolfo regresó a casa. Recordó una frase que Paulina escribió hace años en un libro “Nuestras almas ya se reunieron”. Paulina lo había perdonado. Ese pobre amor no arrancó de la tumba a Paulina. No hubo fantasma. La imagen proyectada por Montero se había conducido de un modo que no era propio de Paulina. Este fue el convencimiento de que santiamén de la reunión de sus almas. Don Adolfo se inclinó a un ruego de Paulina que ella jamás le dirigió y que su rival Montero, había escuchado muchas veces.

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